
Ustedes saben que no me gusta hablar de libros aquí.
¿Por qué?
Tengo muy mala experiencia recomendando libros. Honestamente creo que mis amigos en general no leen absolutamente nada.
Además, hoy tengo especial reserva porque una cosa es hablar de una novela victoriana repleta de zombies y otra de un clásico de 1500 hojas.
Sin embargo, me quedé tan ridícula y estúpidamente obsesionada con esta novela que sabía que no dormiría en paz hasta que le hiciera su muy merecida review.
Muchos libros me han quitado noches de sueño y me han generado enfermizas obsesiones. La Odisea es el ejemplo más claro pero el Club de la Buena Estrella y LOTR son otros ejemplos de las ‘modas’ que se imponen en mi cabeza con más frecuencia de la que deberían.
Hace no mucho mi fanatismo me llevó a los Tres Mosqueteros: una novela divertida, ligera y honestamente fanservicera. Era cuestión de tiempo para que mi agrado hacia el locochón Dumas me llevara hacia otro de sus longsellers: El Conde de Monte Cristo.
Abrí el libro con muchas dudas. Ya de varias adaptaciones sabía de lo que trataba la historia pero no me llamaba en exceso la atención. Además era un libro largo, pesado y con un tipo de una telenovela pintadote en la portada. (Sip, la de allá arriba. Tanta era mi desconfianza ante este libro que no quise pagar mucho por él y lo compré de Ediciones TV Azteca XD).
Total, tratando de ser lo más optimista posible abrí la primera hoja y fue entonces que conocí a Edmundo Dantés: un marino sumamente hábil y noble aunque no precisamente muy inteligente o interesante. A pesar de su muy corta edad, Edmundo fue elegido como el nuevo capitán de uno de los barcos del comerciante Morrel, el Faraón. Radiante de felicidad, corre a su humilde casa en Marsella para darle la buena nueva a su anciano padre y a su hermosa prometida: Mercedes.
No pudiendo esperar más tiempo, Mercedes y Edmundo deciden casarse e iniciar una nueva vida juntos, protagonizando una trillada historia de amor como cualquier otra.
Afortunadamente esta historia de amor es truncada de un modo cruel y terrible. La felicidad de Edmundo genera el encono de cuatro personajes: Fernando Mondego, el primo de Mercedes a quien ama desde que eran pequeños; Danglars, primero al mando del Faraón, celoso de que el Sr. Morrel eligiera a Edmundo antes que a él para ser el nuevo capitán; Villefort, subprocurador del rey que reconoce en Edmundo un testigo con información que podría perjudicar toda su carrera política; y Caderousse, un panadero fácilmente corruptible que no era tan malo en un inicio pero cuya torpeza y avaricia lo llevarán a caer muy bajo.
Estos cuatro personajes pondrán su granito de arena para acusar a Edmundo de un crimen que no cometió y encarcelarlo en el temible calabozo del Chateau d’If en una rocosa isla cerca de Marsella.
Encarcelado por un motivo que desconoce, Edmundo es llevado al borde de la desesperación, la locura y el odio. Pasan y pasan los años y nuestro prota comienza a convencerse de que su padre ya no sigue con vida y de que Mercedes seguramente se ha olvidado de él. Sólo un sentimiento evita que se suicide: esperanza.
Un día, por azares del destino, conoce a otro prisionero llamado Faria. Éste es un abate al que todos llaman loco pues constantemente ofrece millones de libras con tal de que lo liberen. Juntos inician un plan para escapar de If y en sus tiempos libres Faria le enseñará a Edmundo todo lo que sabe. Cosa bastante buena considerando que Faria es un gran estudioso, químico por nacimiento e historiador por experiencia. También le ayuda a entender quienes fueron los culpables de su encarcelamiento con lo que Edmundo comenzará a llenar su cabecita de ideas de venganza.
Pasa el tiempo y, finalmente, a 14 años del encarcelamiento de Edmundo, éste logra escapar. No solo eso, también descubre que el abate Faria no estaba tan loco como todos creían porque en las cuevas de una isla pequeña llamada Monte Cristo encuentra un tesoro invaluable.
Y cuando digo invaluable me refiero a que Edmundo se hace REPUGNANTEMENTE millonario.
Algunos años después, cambiado por el dinero, los viajes, los años de encarcelamiento y sobre todo por el recelo, Edmundo llega a París con una nueva identidad: el Conde de Monte Cristo.
El conde es visto por sus congéneres como un millonario sapientísimo y extravagante pero con un halo de misterio y peligrosidad: una persona de la que saben que se tienen que cuidar pero que pocos lo hacen porque es sumamente encantador. El conde es atractivo, inteligente, astuto y su amabilidad tacha a lo absurdo. Son todas esas cualidades las que distraerán a los parisinos de su verdadero propósito en la ciudad: vengarse de Villefort, Danglars y Fernando.
Estos tres compinches se la han visto bastante bien desde que Edmundo desapareció. Fernando se casó con Mercedes y se convirtió en un valiosísimo oficial del reino; Danglars se volvió un importante banquero lleno de recursos; y Villefort se convirtió en el útil y estricto procurador. Así pues, los tres manejan los tres poderes de París: el ejército, la economía y la ley.
Aún así, el conde tiene sus movimientos bien planeados para asegurarse de aplastar a los tres traidores con toda la fuerza que Dios impuso en él: el autoproclamado ángel de la venganza.
Lo ayudarán incondicionalmente sus sirvientes, entre los cuales se encuentra un negro grande y fuerte llamado Alí y la hermosísima Haydée, una princesa griega a la que compró en un mercado de esclavos. También usará como medios de su venganza a los familiares y amigos de los traidores, tejiendo así una intrincada red que la mayoría de sus enemigos no verá sino hasta que sea demasiado tarde.
Con riesgo de sonar trillada, diré que el Conde de Monte Cristo es una novela de venganza en donde probablemente el principal motivo que nos impulse a seguir leyendo será el ver a esas sucias ratas retorcerse sobre un charco de inmundicias. Por sonso que haya sido Edmundo, uno desea ver sufrir a sus enemigos. Esto es en parte por la empatía que produce el protagonista y en parte porque, admitámoslo: somos morbosos.
Tenemos muchísimos personajes y la mayoría de ellos serán importantes en algún punto, lo cual hace que sea un libro complicado de iniciar ya que hay momentos en los que olvidas quién es quién. Sin embargo, no es un asunto crítico (como en 100 Años de Soledad, por ejemplo) y a la larga te vas aprendiendo los nombres.
Eso sí. Es un libro enorme. ¡Aún más grande que la quinta entrega de la saga de Harry Potter! Eso quiere decir que puede tomar mucho tiempo el leerla aunque la historia es lo suficientemente emocionante como para obligarte a pasar siempre a la siguiente hoja.
Hay personajes agradables, desagradables y adorables. Por ejemplo, en lo personal creo que Fernando es de esos personajes que amamos odiar. No es un hombre terrible pero, ¡joer! lo queremos bien muerto. Caderousse en cambio es gordo, sucio y no muy inteligente: tuvo varias oportunidades para irse por el buen camino pero decidió no hacerlo y la muerte parece un castigo muy pobre para su estupidez.
¿El Conde?
>>Insertar largo suspiro.<<
Él es delicioso. Es hermosamente maligno, asquerosamente millonario y, sobre todo, brillantemente inteligente. Créanme cuando les digo que para mí lo más sexy de un hombre es su inteligencia así que ya entenderán el motivo principal por lo que me enamoré de este libro.
En cuanto a nivel literario, el estilo es ligeramente más cuidadoso que en el de los Tres Mosqueteros, es decir, es escritura dominguera del siglo XVII. Es un lenguaje simple (si ignoramos los vosotros y los isteis) pero con una cantidad pesada de alusiones históricas y culturales a la época en la que se escribió por lo que lo ideal sería tener un libro con notas de pie de página o un conocimiento general de Francia en la época post Napoleónica. Son precisamente estas alusiones las que podrían hacer más pesada esta lectura.
¿Conclusión? Ale-chan se atreve a darle 6 pulgares para arriba a este libro. Recomendado a cualquiera mayor de 12 años, sobre todo a los amantes de bishies, del romance, de las lesbianas (XD jaja, nah, no se emocionen, sólo hay 2) y de lucubraciones complicadas y crueles.
“¡Pero mi linda Ale-chan!” Me dirán algunos. “Yo no tengo tiempo/ganas de leer el libro. ¿No puedo ver una película en su lugar?”
Claro que pueden pero difícilmente encontrarán a un intérprete del Conde realmente capaz de reflejar toda su maravillosidad. Si deciden arriesgarse sólo les recomiendo mantenerse alejados del Conde de Monte Cristo (Kevin Reynolds, 2002) que es simplemente una ABERRACIÓN. En cambio, si gustan de películas viejas pueden irse por la versión de 1975 dirigida por David Greene y protagonizada por Richard Chamberlain.
Quitan a varios personajes importantes pero no pueden esperar que reduzcan una novela tan grande a tan solo unos cuantos minutos.
En un lado más friki del asunto, también les puedo recomendar Gankutsuou. Es un anime inspirado en la obra de Dumas y aunque ocurra en el futuro lejano, con mechas, demonios, gente azul, explosiones, sexo y un ligero homoerotismo, considero que es una adaptación interesantemente más fiel al libro que las pocas que he estado viendo últimamente. Más adelante les traeré una review de ese anime en especial.
Realmente espero que le den una oportunidad. Me arrepiento el no haberlo leído antes aunque tal vez en otro momento de mi vida no lo hubiese disfrutado tanto.
Por lo demás, espero que todos ustedes se encuentren bien y ya listos para celebrar el 14 de febrero, día en el que yo no hago nada pero seguro que algunos de ustedes si tendrán el gusto. Sin más, me despido no sin antes recordarles: confiar y esperar. Kissu!
¿Por qué?
Tengo muy mala experiencia recomendando libros. Honestamente creo que mis amigos en general no leen absolutamente nada.
Además, hoy tengo especial reserva porque una cosa es hablar de una novela victoriana repleta de zombies y otra de un clásico de 1500 hojas.
Sin embargo, me quedé tan ridícula y estúpidamente obsesionada con esta novela que sabía que no dormiría en paz hasta que le hiciera su muy merecida review.
Muchos libros me han quitado noches de sueño y me han generado enfermizas obsesiones. La Odisea es el ejemplo más claro pero el Club de la Buena Estrella y LOTR son otros ejemplos de las ‘modas’ que se imponen en mi cabeza con más frecuencia de la que deberían.
Hace no mucho mi fanatismo me llevó a los Tres Mosqueteros: una novela divertida, ligera y honestamente fanservicera. Era cuestión de tiempo para que mi agrado hacia el locochón Dumas me llevara hacia otro de sus longsellers: El Conde de Monte Cristo.
Abrí el libro con muchas dudas. Ya de varias adaptaciones sabía de lo que trataba la historia pero no me llamaba en exceso la atención. Además era un libro largo, pesado y con un tipo de una telenovela pintadote en la portada. (Sip, la de allá arriba. Tanta era mi desconfianza ante este libro que no quise pagar mucho por él y lo compré de Ediciones TV Azteca XD).
Total, tratando de ser lo más optimista posible abrí la primera hoja y fue entonces que conocí a Edmundo Dantés: un marino sumamente hábil y noble aunque no precisamente muy inteligente o interesante. A pesar de su muy corta edad, Edmundo fue elegido como el nuevo capitán de uno de los barcos del comerciante Morrel, el Faraón. Radiante de felicidad, corre a su humilde casa en Marsella para darle la buena nueva a su anciano padre y a su hermosa prometida: Mercedes.
No pudiendo esperar más tiempo, Mercedes y Edmundo deciden casarse e iniciar una nueva vida juntos, protagonizando una trillada historia de amor como cualquier otra.
Afortunadamente esta historia de amor es truncada de un modo cruel y terrible. La felicidad de Edmundo genera el encono de cuatro personajes: Fernando Mondego, el primo de Mercedes a quien ama desde que eran pequeños; Danglars, primero al mando del Faraón, celoso de que el Sr. Morrel eligiera a Edmundo antes que a él para ser el nuevo capitán; Villefort, subprocurador del rey que reconoce en Edmundo un testigo con información que podría perjudicar toda su carrera política; y Caderousse, un panadero fácilmente corruptible que no era tan malo en un inicio pero cuya torpeza y avaricia lo llevarán a caer muy bajo.
Estos cuatro personajes pondrán su granito de arena para acusar a Edmundo de un crimen que no cometió y encarcelarlo en el temible calabozo del Chateau d’If en una rocosa isla cerca de Marsella.
Encarcelado por un motivo que desconoce, Edmundo es llevado al borde de la desesperación, la locura y el odio. Pasan y pasan los años y nuestro prota comienza a convencerse de que su padre ya no sigue con vida y de que Mercedes seguramente se ha olvidado de él. Sólo un sentimiento evita que se suicide: esperanza.
Un día, por azares del destino, conoce a otro prisionero llamado Faria. Éste es un abate al que todos llaman loco pues constantemente ofrece millones de libras con tal de que lo liberen. Juntos inician un plan para escapar de If y en sus tiempos libres Faria le enseñará a Edmundo todo lo que sabe. Cosa bastante buena considerando que Faria es un gran estudioso, químico por nacimiento e historiador por experiencia. También le ayuda a entender quienes fueron los culpables de su encarcelamiento con lo que Edmundo comenzará a llenar su cabecita de ideas de venganza.
Pasa el tiempo y, finalmente, a 14 años del encarcelamiento de Edmundo, éste logra escapar. No solo eso, también descubre que el abate Faria no estaba tan loco como todos creían porque en las cuevas de una isla pequeña llamada Monte Cristo encuentra un tesoro invaluable.
Y cuando digo invaluable me refiero a que Edmundo se hace REPUGNANTEMENTE millonario.
Algunos años después, cambiado por el dinero, los viajes, los años de encarcelamiento y sobre todo por el recelo, Edmundo llega a París con una nueva identidad: el Conde de Monte Cristo.
El conde es visto por sus congéneres como un millonario sapientísimo y extravagante pero con un halo de misterio y peligrosidad: una persona de la que saben que se tienen que cuidar pero que pocos lo hacen porque es sumamente encantador. El conde es atractivo, inteligente, astuto y su amabilidad tacha a lo absurdo. Son todas esas cualidades las que distraerán a los parisinos de su verdadero propósito en la ciudad: vengarse de Villefort, Danglars y Fernando.
Estos tres compinches se la han visto bastante bien desde que Edmundo desapareció. Fernando se casó con Mercedes y se convirtió en un valiosísimo oficial del reino; Danglars se volvió un importante banquero lleno de recursos; y Villefort se convirtió en el útil y estricto procurador. Así pues, los tres manejan los tres poderes de París: el ejército, la economía y la ley.
Aún así, el conde tiene sus movimientos bien planeados para asegurarse de aplastar a los tres traidores con toda la fuerza que Dios impuso en él: el autoproclamado ángel de la venganza.
Lo ayudarán incondicionalmente sus sirvientes, entre los cuales se encuentra un negro grande y fuerte llamado Alí y la hermosísima Haydée, una princesa griega a la que compró en un mercado de esclavos. También usará como medios de su venganza a los familiares y amigos de los traidores, tejiendo así una intrincada red que la mayoría de sus enemigos no verá sino hasta que sea demasiado tarde.
Con riesgo de sonar trillada, diré que el Conde de Monte Cristo es una novela de venganza en donde probablemente el principal motivo que nos impulse a seguir leyendo será el ver a esas sucias ratas retorcerse sobre un charco de inmundicias. Por sonso que haya sido Edmundo, uno desea ver sufrir a sus enemigos. Esto es en parte por la empatía que produce el protagonista y en parte porque, admitámoslo: somos morbosos.
Tenemos muchísimos personajes y la mayoría de ellos serán importantes en algún punto, lo cual hace que sea un libro complicado de iniciar ya que hay momentos en los que olvidas quién es quién. Sin embargo, no es un asunto crítico (como en 100 Años de Soledad, por ejemplo) y a la larga te vas aprendiendo los nombres.
Eso sí. Es un libro enorme. ¡Aún más grande que la quinta entrega de la saga de Harry Potter! Eso quiere decir que puede tomar mucho tiempo el leerla aunque la historia es lo suficientemente emocionante como para obligarte a pasar siempre a la siguiente hoja.
Hay personajes agradables, desagradables y adorables. Por ejemplo, en lo personal creo que Fernando es de esos personajes que amamos odiar. No es un hombre terrible pero, ¡joer! lo queremos bien muerto. Caderousse en cambio es gordo, sucio y no muy inteligente: tuvo varias oportunidades para irse por el buen camino pero decidió no hacerlo y la muerte parece un castigo muy pobre para su estupidez.
¿El Conde?
>>Insertar largo suspiro.<<
Él es delicioso. Es hermosamente maligno, asquerosamente millonario y, sobre todo, brillantemente inteligente. Créanme cuando les digo que para mí lo más sexy de un hombre es su inteligencia así que ya entenderán el motivo principal por lo que me enamoré de este libro.
En cuanto a nivel literario, el estilo es ligeramente más cuidadoso que en el de los Tres Mosqueteros, es decir, es escritura dominguera del siglo XVII. Es un lenguaje simple (si ignoramos los vosotros y los isteis) pero con una cantidad pesada de alusiones históricas y culturales a la época en la que se escribió por lo que lo ideal sería tener un libro con notas de pie de página o un conocimiento general de Francia en la época post Napoleónica. Son precisamente estas alusiones las que podrían hacer más pesada esta lectura.
¿Conclusión? Ale-chan se atreve a darle 6 pulgares para arriba a este libro. Recomendado a cualquiera mayor de 12 años, sobre todo a los amantes de bishies, del romance, de las lesbianas (XD jaja, nah, no se emocionen, sólo hay 2) y de lucubraciones complicadas y crueles.
“¡Pero mi linda Ale-chan!” Me dirán algunos. “Yo no tengo tiempo/ganas de leer el libro. ¿No puedo ver una película en su lugar?”
Claro que pueden pero difícilmente encontrarán a un intérprete del Conde realmente capaz de reflejar toda su maravillosidad. Si deciden arriesgarse sólo les recomiendo mantenerse alejados del Conde de Monte Cristo (Kevin Reynolds, 2002) que es simplemente una ABERRACIÓN. En cambio, si gustan de películas viejas pueden irse por la versión de 1975 dirigida por David Greene y protagonizada por Richard Chamberlain.
Quitan a varios personajes importantes pero no pueden esperar que reduzcan una novela tan grande a tan solo unos cuantos minutos.
En un lado más friki del asunto, también les puedo recomendar Gankutsuou. Es un anime inspirado en la obra de Dumas y aunque ocurra en el futuro lejano, con mechas, demonios, gente azul, explosiones, sexo y un ligero homoerotismo, considero que es una adaptación interesantemente más fiel al libro que las pocas que he estado viendo últimamente. Más adelante les traeré una review de ese anime en especial.
Realmente espero que le den una oportunidad. Me arrepiento el no haberlo leído antes aunque tal vez en otro momento de mi vida no lo hubiese disfrutado tanto.
Por lo demás, espero que todos ustedes se encuentren bien y ya listos para celebrar el 14 de febrero, día en el que yo no hago nada pero seguro que algunos de ustedes si tendrán el gusto. Sin más, me despido no sin antes recordarles: confiar y esperar. Kissu!
5 comentarios:
Tres palabras: "Confia y Espera" Uno e mis libros, personajes, animes y peliculas favoritas
*O* mon amour!!! Jajaja, perdoname, es que me encantó ese libro desde que lo leí ^^ Y en cuanto al conde... *babas* te comprendo. Lástima por la pobre Valentina que sufrió bastantito aqui por culpa de la madrastra, ella y Maximiliano fueron los únicos que vivieron para contarla jajaja. ¿La pelicula de la que hablas es en la que sale Jim Cavaziel? u.u es me gusta (Cavaziel tambien, pero luego llegó Mel Gibson y...). Dumas es sencillamente genial con sus libros, es de mis favoritos, pero está en tercer lugar (en segundo está julio verne y en primero edgar allan poe). ¿Como eso de que estaba mas caro el ejemplar normal? Los clásicos son baratos, mujer, sobre todo en las librerias de Porrúa. En fin, chao!!!
Así como tu te arrepientes de no haber leido antes el conde de Montecristo yo me arrepiento de no haber descubierto anteriormente este blog, ya he leido un monton de entradas y todas me han fascinado, hacia mucho que un blog no me emocionaba tanto, eres genial =(^w^)= !!
Te pondre en mi blogroll
Sonrisas!
Es un excelente libro, aunque prefiero la version de los simpsons xD.
Pero sin lugar a dudas Dumas fue un gran escritor.
Saludos.
muy buena recomendación señorita Ale, desgraciadamente yo no lo he leido pero con tu reseña ya me dieron ganas de conseguirlo muchas gracias por tu recomendación
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