lunes, 27 de diciembre de 2010

Megalechanas


Vaya... tardé mucho en actualizar por acá.

La verdad es que esperaba hacerlo antes de Navidad pero me enfermé y la verdad que preferí quedarme en cama jugando Okami en lugar de sentarme frente a la computadora mientras cubría mi escritorio con Kleenex usados.

Ungh.

Espero que hayan tenido una excelente Navidad, llena de comida, regalos, alegría y felicidad. Si les gusta, con familia y todo y si no, pues al menos con mucha diversión. En mi caso lo pasé como siempre. Tranquila en casa con mi señora madre. Aunque este año hubo una variación: preparé bacalao. Es curioso. Huele a bacalao. Sabe a bacalao pero NO se ve como bacalao. Me quedó muy... blanco. ._.

Tengo qué pensar bien por qué diantres fue eso.

Pero como sea, en estas sagradas fechas navideñas, no podía faltar mi ida al cine y esta vez la peli elegida fue la nueva apuesta de Dreamworks: Megamente.

La verdad que el único motivo por el que quise ver esta película fue porque nadie me dijo que "era súper linda". Hablo en serio. Cada que alguien me recomienda una película de animación diciéndome que es fabulosa y "súper linda" acabo "súper frustrada". ¬¬' Estúpido Nemo con su estúpida aleta enana y estúpido "Mi Villano Favorito" con su voz del Dr. Chunga (amo al Dr. Chunga pero ¿la peli? ungh).

*coff*

Así que... ¿salí decepcionada de esta nueva entrada para nada original pero que al menos tiene a un protagonista azul que NO es un mugroso hippie que habla con el espíritu de la Tierra?

Pues bien. Antes que nada, ¿de qué va?

Todo inició en un planeta remoto al borde de la destrucción. Deseando salvar a su pequeño hijo, un par de extraterrestres lo colocó en una cápsula muy al estilo Gokú. El bebé fue salvado pero el planeta quedó hecho añicos por lo que nuestro pequeño protagonista inició su vida totalmente solo y con nada mas que las últimas palabras de sus padres.

... Las cuales no pudo escuchar bien.

En el camino hacia un nuevo planeta, conoció al que habría de ser su futuro archienemigo: Metro Man. Y no. No se trata de un hombre que mide un metro ó del señor loco que vive por mi casa que lleva un carrito de súper con basura a todas partes y se viste con cosas de color naranja-metro (dioses... que mundo tan retorcido). No. Se trata de un super héroe que con su gran fuerza y rapidez le hará la vida imposible a cualquiera que pretenda ejercer el mal en contra del planeta Tierra.

La nave de Metro Man choca con la de nuestro protagonista, Megamente, y provoca que aterrice dentro de la prisión de máxima seguridad de la Metro Ciudad. Mientras tanto, Metro Man crecerá en una enorme mansión llena de todos los lujos que en algún momento pudiera desear.

Resentido, Megamente crecerá para convertirse en el villano más temible de Metro Ciudad pero Metro Man siempre estará ahí para destruir sus planes, sobre todo cuando se refieran a salvar a la bella reportera, Roxanne Ritchi.

Sin embargo, para sorpresa de todos, un día Megamente DE HECHO es capaz de vencer a Metro Man. Y cuando digo vencer me refiero a convertirlo en polvo de huesos. Radiante por su conquista, Megamente toma control de la ciudad mientras cumple lentamente sus secretos deseos de conquistar a la bella Roxanne.

Desafortunadamente, con el paso de los días se da cuenta de que su vida se ha vuelto aburrida y sin sentido. Después de todo, ahora que su archienemigo ha desaparecido, todo le llega fácil y sin retos.

Frustrado, decide crear a su propio superhéroe, Titán. Pero éste resultará ser un patán estúpido bueno para nada que no tardará en unirse a las filas del Lado Oscuro. Será entonces que Megamente tendrá que tomar una decisión entre hacer lo que todos los demás creen que tiene que hacer ó esperar a que todo se solucione por su cuenta.

Como podrán ver, la premisa es poco original y predecible. Por si fuera poco, apenas hace unos meses nos llegaron con una idea muy similar con Mi Villano Favorito lo cual hace que pierda todavía más su brillo.

Sin embargo, el guión es lo suficientemente tonto como para sacar varias risas y el diseño de personajes es suficientemente divertido como para llamar la atención. Si, es cierto, no es la mejor película infantil del año. Ni siquiera lo es de los últimos 6 meses pero es un buen intento.

La animación es aceptable. Sólo aceptable. La música no nos trae nada nuevo ni interesante. El doblaje es el correcto, evitando los mexicanismos, el exceso de chistes 'improvisados' y con un tono muy apropiado para pretender sustituir a los actores originales: Will Ferrel, Brad Pitt y Tina Fey.

Probablemente lo mejor de la historia es la calidad del protagonista. Claro, no es brillante, ni lindo ni especialmente divertido pero probablemente es esa mediocridad la que hace despertar en nuestros corazones la lástima.

Una lástima que se refleja en agrado y ustedes saben lo importante que es que nos agrade el personaje principal.

Como pueden ver con esta cortísima review, Megamente no es una buena película. Es una agradable que vale la pena para ir a ver al cine una mañana de vacaciones y la perfecta excusa para comprar palomitas.

En lo personal una versión de los 'buenos lindos' muchisimo más divertida y viable que Mi Villano Favorito (palabra... casi me quedo dormida en esa peli) y que tal vez (probablemente al ver la cantidad de dinero que está recibiendo la marca) nos otorgue al menos una secuela.

Porque de que hay material para mas, lo hay.

¿Conclusión? Ale-chan le da un pulgar para arriba. Recomendado para niños de todas las edades. ¿Adultos normales? El adulto promedio deberá de alejarse de las salas al encontrar la historia tonta y predecible pero JAJA.

De todos modos tendrán que verla con sus hijos. =D

Y bien, probablemente la próxima entrada sea de Tron. ._. Sospecho que no me va a gustar nada, nada, nada pero démosle el beneficio de la duda, ¿ne?

Solo me resta despedirme y desearles un muy feliz año nuevo. Espero que el próximo esté lleno de alegría, felicidad y mucho dinero y mucha pero muchísima salud.

Recuerden, mis queridos: ¡VIVAN FELICES! ¡VIVAN CON ANIME!

Kissu!

sábado, 4 de diciembre de 2010

Top 10 Childhood Nightmares


Y bien, como lo prometido es deuda y como quiero pensar que alguien de hecho está interesado en el asunto, he decidido traerles hoy mi top 10 inspirado por mi cumpleaños.
Ahora que he cumplido el cuarto de siglo (OMG!), me puse a recapacitar un poco sobre mi infancia. Fue una infancia feliz y sana pero a la que no quisiera volver. ¿Por qué? Pues como dicen en South Park ¿Para qué querer revivir algo que fue bien vivido?
Además… he de admitir que en muchos aspectos sigo siendo una niña. =D Claro que ahora tengo dinero para comprar mis estupideces... y que ya es legal el que sea una pervertida.
Sin embargo, hay otros motivos por los cuales mi infancia no fue perfecta y me figuro que ustedes estarán en la misma situación. ¿Qué eran aquellas cosas que entristecían mi joven existencia? ¡Aquí el top 10!


¡NÚMERO 10!

La Corta Estatura: ¿A qué no? ¿Se acuerdan tener qué necesitar un banquito para el lavabo del baño? Ó tal vez estén en mi caso en el que mi cama era tan alta que necesitaba prácticamente escalarla para subirme. Si bien el ser pequeño te daba la ventaja de escabullirte en los lugares más recónditos y vivir fantásticas aventuras, eso de tener qué pedir ayuda para que te abrieran la puerta era muy molesto. Además, con esas piernas cortas, hasta la menor distancia se hacía eterna y nos cansábamos mucho para caminar. Lo bueno es que, al ser tan pequeños, nos podían cargar nuestros padres.


¡NÚMERO 9!

Esperar para Navidad: Primero cuentas los meses. Luego las semanas, luego los días y luego las horas. En mi caso que llegaba Santa Claus a mi casa, era una verdadera tortura esperar para la noche del 24. “¿Ya va a llegar Santa, mamá?” “¿Ya va a llegar Santa, mamá?” repetía incesantemente. Sin embargo, la peor parte venía para el 24 en donde las horas se hacían eternas, sobre todo porque te levantabas una y otra y otra vez a ver si ya había llegado. Insistías e insistías e insistías y luchabas con todas tus fuerzas para no quedarte dormido hasta que… plop… te quedabas dormido. Claro, toda esta pesadilla terminaba para convertirse en una de LAS MEJORES cosas de ser niño: el llegar al pie del árbol para ver todos los regalitos envueltos y acomodaditos. Lo malo es que luego llegaba el 5 de enero y era lo mismo. Porque sí. A mí me traían los Reyes Y Santa Claus. Aunque los Reyes no solían ser tan generosos e incluso se atrevieron a traerme ropa una vez… bastardos...


¡NÚMERO 8!

La Higiene Personal: Odiaba bañarme y cepillarme los dientes. ¿Por qué? Porque era una pérdida de tiempo. Sin embargo, ¿qué odiaba más que todo?
Que me cepillaran el cabello. Seguro que esto lo habrán sufrido más las mujeres. ¿Qué tal? Sales de bañarte lista para ir al colegio y entonces se acercaban las temibles bolitas. Nunca venían solas. Siempre estaban acompañadas del cruel cepillo de cerdas durísimas. ¡E iniciaba el suplicio! Cada cepillada se sentía como el fuego de mil infiernos y te ataban el cabello como si quisieran arrancarte el cuero cabelludo. La presión duraba todo el día pero oh, no se te vaya a ocurrir quitarte las bolitas. De entrada porque a final de cuentas la maestra del colegio te peinaría otra vez, además, las méndigas bolitas casi siempre te pegaban cuando te las quitabas. Eso sí, pocas cosas disfrutaba yo más que el llegar a casa y que me quitaran las colas de caballo. ¡La liberación era fabulosa!


¡NÚMERO 7!


Fiestas Infantiles: Probablemente no todos compartan este odio conmigo. Yo los odiaba porque siempre me han caído mal mis congéneres pero lo peor era la idea de regalar algún juguete a un niño que no fuese yo mismo. ¿Por qué tenía que dejar mis cosas y regalar algo que quisiera para mí a un niño que me caía mal? Además, usualmente en esas fiestas nada más conoces a un 10% de los mocosos con lo que te aburres más (si eres antisocial como yo). Encima, la comida siempre era súper chafa: hot dogs, hamburguesas o sándwiches. Del pastel ni se diga. Todos eran de tres leches y yo odio esos pasteles. Ni qué decir de los magos y los payasos. Los magos siempre tenían los mismos trucos baratos y los payasos siempre me dieron miedo. Ni siquiera disfrutaba del todo las piñatas porque los niños grandes siempre se aborazaban y se llevaban todos los dulces. Lo único bueno eran las bolistas de dulces pero no todos los padres hacían. -.-


¡NÚMERO 6!


Los Disfraces: Otra cosa que probablemente no todos compartirán conmigo. Siempre he odiado el disfrazarme. La ropa no me gustaba porque todos los disfraces infantiles son de licra o algo así y te da muchísimo frío. Además era súper incómodo andar en el convivio de Halloween con esos atuenditos. Pero lo peor era el maquillaje. Yo nunca dejé que me maquillaran pero odiaba ver a mis amigos maquillados. Me daba asco y ni siquiera quería acercarme a ellos. No hablo solo de los maquillajes que te pegan sesos en la cabeza o cosas así. Hasta el maquillaje más simple me desagradaba. Incluso ahora, me da asco ver a los mocosos que se pintarrajean en los puestitos de Chapultepec. Es una fobia mía, quizá, pero no me importa. Yo no nací para eso del maquillaje, es definitivo.

¡NÚMERO 5!


La Hora de la Comida: Comer era un gusto. Sí. Comer dulces, chocolates, algún que otro guisado favorito... ¿Pero qué tal los berros? ¿Las espinacas? ¿Las cremas? Además, ¡las porciones eran siempre tan grandes! Por algún motivo desconocido, los padres se rehusaban a aceptar que estuvieras lleno: “una cucharadita más” (que siempre se convertía en una más), “si no te acabas eso, no sales a jugar”, “hazlo por mí” o mi favorita: “tantos niños muriéndose de hambre y tú desperdiciando la comida”. Si quieren, yo les regalo mis berros a los niños pobres. Total, seguro que ellos tampoco querrán comérselos.

¡NÚMERO 4!


Los Médicos: Dentista, oculista, pediatra, ortopedista. Todos eran molestos pero probablemente los peores eran los dentistas y los ortopedistas. No tengo qué explicar lo de los dentistas. El sufrimiento que ellos causan es merecedor de toda una entrada al blog. ¿Los ortopedistas? Yo tuve qué ir hasta tercero de primaria y era irritante que te hicieran caminar de un lado para el otro y subirte descalzo a cajas de cristal con espejos. ¿Tienen idea de lo frías que son esas cosas? Además, cada que iba al ortopedista tenía qué llevar vestido si no quería que me quitaran los pantalones. Y yo siempre odié usar vestidos. Los niños siempre te molestaban y no podías jugar a gusto. De hecho, aún hoy como adulta joven me parece muy irritante ir a cualquier médico. ¬¬’ Al menos antes nos daban paletitas.

¡NÚMERO 3!


La Tarea: Nunca he podido entender para qué necesitábamos hacer tarea en primaria. Ok, en secundaria para adelante te dejaban tareas porque 1 hora por clase no era suficiente y así podíamos aprender más. Entiendo que te manden a casa a estudiar para los exámenes porque no hay otro modo de pasarlos. Pero, ¿en primaria? ¿Realmente creen que con cincuenta planas de ‘mi mamá me ama’ tendremos una mejor letra? ¡Créanme! ¡Yo estuve haciendo planas hasta cuarto de primaria y mi letra sigue igual de fea! ¡Estábamos metidos en la escuela por cinco ó seis horas y luego llegábamos a casa a hacer dos horas más de tareas! ¿Y qué tal esas tareas que de ningún modo podría hacer un niño de primaria y sus padres acaban haciéndolo todo? ¿Eso no es totalmente absurdo? ¿Por qué perder horas emocionantes de juegos y televisión por andar haciendo los estúpidos mapitas que de todos modos no nos servirían para nada porque ahora existe Google Maps? ¡Y las biografías! ¡Por todos los dioses! ¡A ver! ¿Alguien me puede decir sin consultar el nombre de todos los Niños Héroes? ¿O qué tal el nombre de todas las cordilleras de la república? ¿Eh? ¿Eh? ¿EH?

¡NÚMERO 2!

Adultos: Son aburridos. No te entienden. Te tratan como estúpido. Rompen sus promesas. Te obligan a hacer cosas que no quieres. ¿Qué había de bueno en ellos? Mucho, pero en aquel entonces era fácil olvidarlo. No hay más qué decir en este punto. Tal vez señalar que decíamos que no eran divertidos porque no entendíamos sus chistes de doble sentido. =D


¡NÚMERO 1!

Muda de Dientes: Es doloroso, dura años y tienes qué aguantar a los adultos y sus ‘no hagas tal cosa porque te van a salir chuecos los dientes’ durante meses. Todo empezaba con un diente flojo. Esto te impedía comer a gusto, sobre todo cuando se trataba de los caninos ó los premolares ya que los incisivos se caían luego luego y las muelas usualmente tenían la decencia de aflojarse sólo de un lado a la vez. El dolor era soportable y la expectativa de recibir dinero del ratón de los dientes era divertida pero una vez que se te caía el diente empezaba la verdadera molestia. De entrada, casi siempre se caía con la comida por lo que de repente un diente de leche flotante chocaba entre tus pobres muelitas. Una vez que sacabas tu muela (si es que no te la tragabas, claro), venían los minutos de hemorragia y los días de sentir un hueco molesto en la boca. Semanas después, cuando el nuevo diente ya está casi listo y te sientes libre, ¡pam! otro diente flojo. Por ser un ciclo largo y molesto, doy gracias al señor porque los humanos sólo mudemos de dientes una vez en la vida.


¡Pobres tiburones!


Y bien, con este top 10 en donde en realidad las cosas no están ordenadas muy bien (porque en realidad odiaba casi todas estas cosas por igual), los dejo. Recuerden chicos: crecer es horrible, pero la infancia tampoco fue precisamente maravillosa.

Me voy ahora. Espero que esta entrada no se haya visto muy al aventón pero salgo en un rato y en la noche quiero actualizar.

Sin más por el momento me despido no sin antes decirles: "si no te acabas las zanahorias, va a venir el señor de la bolsa por ti".