
Y bien, como lo prometido es deuda y como quiero pensar que alguien de hecho está interesado en el asunto, he decidido traerles hoy mi top 10 inspirado por mi cumpleaños.
Ahora que he cumplido el cuarto de siglo (OMG!), me puse a recapacitar un poco sobre mi infancia. Fue una infancia feliz y sana pero a la que no quisiera volver. ¿Por qué? Pues como dicen en South Park ¿Para qué querer revivir algo que fue bien vivido?
Además… he de admitir que en muchos aspectos sigo siendo una niña. =D Claro que ahora tengo dinero para comprar mis estupideces... y que ya es legal el que sea una pervertida.
Sin embargo, hay otros motivos por los cuales mi infancia no fue perfecta y me figuro que ustedes estarán en la misma situación. ¿Qué eran aquellas cosas que entristecían mi joven existencia? ¡Aquí el top 10!¡NÚMERO 10!
La Corta Estatura: ¿A qué no? ¿Se acuerdan tener qué necesitar un banquito para el lavabo del baño? Ó tal vez estén en mi caso en el que mi cama era tan alta que necesitaba prácticamente escalarla para subirme. Si bien el ser pequeño te daba la ventaja de escabullirte en los lugares más recónditos y vivir fantásticas aventuras, eso de tener qué pedir ayuda para que te abrieran la puerta era muy molesto. Además, con esas piernas cortas, hasta la menor distancia se hacía eterna y nos cansábamos mucho para caminar. Lo bueno es que, al ser tan pequeños, nos podían cargar nuestros padres.
¡NÚMERO 9!
Esperar para Navidad: Primero cuentas los meses. Luego las semanas, luego los días y luego las horas. En mi caso que llegaba Santa Claus a mi casa, era una verdadera tortura esperar para la noche del 24. “¿Ya va a llegar Santa, mamá?” “¿Ya va a llegar Santa, mamá?” repetía incesantemente. Sin embargo, la peor parte venía para el 24 en donde las horas se hacían eternas, sobre todo porque te levantabas una y otra y otra vez a ver si ya había llegado. Insistías e insistías e insistías y luchabas con todas tus fuerzas para no quedarte dormido hasta que… plop… te quedabas dormido. Claro, toda esta pesadilla terminaba para convertirse en una de LAS MEJORES cosas de ser niño: el llegar al pie del árbol para ver todos los regalitos envueltos y acomodaditos. Lo malo es que luego llegaba el 5 de enero y era lo mismo. Porque sí. A mí me traían los Reyes Y Santa Claus. Aunque los Reyes no solían ser tan generosos e incluso se atrevieron a traerme ropa una vez… bastardos...
¡NÚMERO 8!
La Higiene Personal: Odiaba bañarme y cepillarme los dientes. ¿Por qué? Porque era una pérdida de tiempo. Sin embargo, ¿qué odiaba más que todo? Que me cepillaran el cabello. Seguro que esto lo habrán sufrido más las mujeres. ¿Qué tal? Sales de bañarte lista para ir al colegio y entonces se acercaban las temibles bolitas. Nunca venían solas. Siempre estaban acompañadas del cruel cepillo de cerdas durísimas. ¡E iniciaba el suplicio! Cada cepillada se sentía como el fuego de mil infiernos y te ataban el cabello como si quisieran arrancarte el cuero cabelludo. La presión duraba todo el día pero oh, no se te vaya a ocurrir quitarte las bolitas. De entrada porque a final de cuentas la maestra del colegio te peinaría otra vez, además, las méndigas bolitas casi siempre te pegaban cuando te las quitabas. Eso sí, pocas cosas disfrutaba yo más que el llegar a casa y que me quitaran las colas de caballo. ¡La liberación era fabulosa!
¡NÚMERO 7!
Fiestas Infantiles: Probablemente no todos compartan este odio conmigo. Yo los odiaba porque siempre me han caído mal mis congéneres pero lo peor era la idea de regalar algún juguete a un niño que no fuese yo mismo. ¿Por qué tenía que dejar mis cosas y regalar algo que quisiera para mí a un niño que me caía mal? Además, usualmente en esas fiestas nada más conoces a un 10% de los mocosos con lo que te aburres más (si eres antisocial como yo). Encima, la comida siempre era súper chafa: hot dogs, hamburguesas o sándwiches. Del pastel ni se diga. Todos eran de tres leches y yo odio esos pasteles. Ni qué decir de los magos y los payasos. Los magos siempre tenían los mismos trucos baratos y los payasos siempre me dieron miedo. Ni siquiera disfrutaba del todo las piñatas porque los niños grandes siempre se aborazaban y se llevaban todos los dulces. Lo único bueno eran las bolistas de dulces pero no todos los padres hacían. -.-
¡NÚMERO 5!
¡NÚMERO 6!
Los Disfraces: Otra cosa que probablemente no todos compartirán conmigo. Siempre he odiado el disfrazarme. La ropa no me gustaba porque todos los disfraces infantiles son de licra o algo así y te da muchísimo frío. Además era súper incómodo andar en el convivio de Halloween con esos atuenditos. Pero lo peor era el maquillaje. Yo nunca dejé que me maquillaran pero odiaba ver a mis amigos maquillados. Me daba asco y ni siquiera quería acercarme a ellos. No hablo solo de los maquillajes que te pegan sesos en la cabeza o cosas así. Hasta el maquillaje más simple me desagradaba. Incluso ahora, me da asco ver a los mocosos que se pintarrajean en los puestitos de Chapultepec. Es una fobia mía, quizá, pero no me importa. Yo no nací para eso del maquillaje, es definitivo.
¡NÚMERO 5!
La Hora de la Comida: Comer era un gusto. Sí. Comer dulces, chocolates, algún que otro guisado favorito... ¿Pero qué tal los berros? ¿Las espinacas? ¿Las cremas? Además, ¡las porciones eran siempre tan grandes! Por algún motivo desconocido, los padres se rehusaban a aceptar que estuvieras lleno: “una cucharadita más” (que siempre se convertía en una más), “si no te acabas eso, no sales a jugar”, “hazlo por mí” o mi favorita: “tantos niños muriéndose de hambre y tú desperdiciando la comida”. Si quieren, yo les regalo mis berros a los niños pobres. Total, seguro que ellos tampoco querrán comérselos.
¡NÚMERO 4!
¡NÚMERO 3!
Los Médicos: Dentista, oculista, pediatra, ortopedista. Todos eran molestos pero probablemente los peores eran los dentistas y los ortopedistas. No tengo qué explicar lo de los dentistas. El sufrimiento que ellos causan es merecedor de toda una entrada al blog. ¿Los ortopedistas? Yo tuve qué ir hasta tercero de primaria y era irritante que te hicieran caminar de un lado para el otro y subirte descalzo a cajas de cristal con espejos. ¿Tienen idea de lo frías que son esas cosas? Además, cada que iba al ortopedista tenía qué llevar vestido si no quería que me quitaran los pantalones. Y yo siempre odié usar vestidos. Los niños siempre te molestaban y no podías jugar a gusto. De hecho, aún hoy como adulta joven me parece muy irritante ir a cualquier médico. ¬¬’ Al menos antes nos daban paletitas.
¡NÚMERO 3!
La Tarea: Nunca he podido entender para qué necesitábamos hacer tarea en primaria. Ok, en secundaria para adelante te dejaban tareas porque 1 hora por clase no era suficiente y así podíamos aprender más. Entiendo que te manden a casa a estudiar para los exámenes porque no hay otro modo de pasarlos. Pero, ¿en primaria? ¿Realmente creen que con cincuenta planas de ‘mi mamá me ama’ tendremos una mejor letra? ¡Créanme! ¡Yo estuve haciendo planas hasta cuarto de primaria y mi letra sigue igual de fea! ¡Estábamos metidos en la escuela por cinco ó seis horas y luego llegábamos a casa a hacer dos horas más de tareas! ¿Y qué tal esas tareas que de ningún modo podría hacer un niño de primaria y sus padres acaban haciéndolo todo? ¿Eso no es totalmente absurdo? ¿Por qué perder horas emocionantes de juegos y televisión por andar haciendo los estúpidos mapitas que de todos modos no nos servirían para nada porque ahora existe Google Maps? ¡Y las biografías! ¡Por todos los dioses! ¡A ver! ¿Alguien me puede decir sin consultar el nombre de todos los Niños Héroes? ¿O qué tal el nombre de todas las cordilleras de la república? ¿Eh? ¿Eh? ¿EH?
¡NÚMERO 2!
Adultos: Son aburridos. No te entienden. Te tratan como estúpido. Rompen sus promesas. Te obligan a hacer cosas que no quieres. ¿Qué había de bueno en ellos? Mucho, pero en aquel entonces era fácil olvidarlo. No hay más qué decir en este punto. Tal vez señalar que decíamos que no eran divertidos porque no entendíamos sus chistes de doble sentido. =D
¡NÚMERO 1!
Muda de Dientes: Es doloroso, dura años y tienes qué aguantar a los adultos y sus ‘no hagas tal cosa porque te van a salir chuecos los dientes’ durante meses. Todo empezaba con un diente flojo. Esto te impedía comer a gusto, sobre todo cuando se trataba de los caninos ó los premolares ya que los incisivos se caían luego luego y las muelas usualmente tenían la decencia de aflojarse sólo de un lado a la vez. El dolor era soportable y la expectativa de recibir dinero del ratón de los dientes era divertida pero una vez que se te caía el diente empezaba la verdadera molestia. De entrada, casi siempre se caía con la comida por lo que de repente un diente de leche flotante chocaba entre tus pobres muelitas. Una vez que sacabas tu muela (si es que no te la tragabas, claro), venían los minutos de hemorragia y los días de sentir un hueco molesto en la boca. Semanas después, cuando el nuevo diente ya está casi listo y te sientes libre, ¡pam! otro diente flojo. Por ser un ciclo largo y molesto, doy gracias al señor porque los humanos sólo mudemos de dientes una vez en la vida.
¡Pobres tiburones!
Y bien, con este top 10 en donde en realidad las cosas no están ordenadas muy bien (porque en realidad odiaba casi todas estas cosas por igual), los dejo. Recuerden chicos: crecer es horrible, pero la infancia tampoco fue precisamente maravillosa.
Me voy ahora. Espero que esta entrada no se haya visto muy al aventón pero salgo en un rato y en la noche quiero actualizar.
Sin más por el momento me despido no sin antes decirles: "si no te acabas las zanahorias, va a venir el señor de la bolsa por ti".
¡Pobres tiburones!
Y bien, con este top 10 en donde en realidad las cosas no están ordenadas muy bien (porque en realidad odiaba casi todas estas cosas por igual), los dejo. Recuerden chicos: crecer es horrible, pero la infancia tampoco fue precisamente maravillosa.
Me voy ahora. Espero que esta entrada no se haya visto muy al aventón pero salgo en un rato y en la noche quiero actualizar.
Sin más por el momento me despido no sin antes decirles: "si no te acabas las zanahorias, va a venir el señor de la bolsa por ti".
3 comentarios:
Es agradable el poder recordar la infancia y tener gratos recuerdos, muchos tienen infancias traumaticas, pero quienes tuvimos una infancia de regular a buena estamos bien xD.
Solo espero que cuando tenga hijos ellos puedan tener una infancia bonita.
ahhhhhh la niñez, la total dependencia de los mayores y la falta de obligaciones monetarias... fue una bonita época pero en verdad en verdad, yo ya no la repetirìa :S
Hola de nuevo Ale-chan!
Ya reviví y me di una vueltita por tu blog =)
Bueno, la corta estatura no fué precisamente un problema para mí, siempre tuve estatura media y en secundaria "pegué el estirón" y actualmente mido 1.83m de estatura xD.
La espera para navidad la compartí, y el mero 24 era horrible porque en mi caso yo si me queria dormir pero la emoción no me permitia dormirme xD.
La higiene personal lo entiendo perfectamente xD.
Fiestas infantiles, yo igual era de los antisociales e igual odiaba las fiestas, ni me caian bien la gran mayoria del grupo.
Los disfraces... ahí si no lo comparto, siempre me han gustado los disfraces hasta la fecha. El maquillaje en ellos casi no, pero el disfraz en si, si, no los de lycra, pero la mayoria si.
La hora de la comida igual, yo incluso le respondia a mis papás cuando decian lo de los niños de africa "pues vamos y yo personalmente los invito mi comida" jajajaja.
Los medicos hasta la fecha lo odio, sobre todo los dentistas, siguen siendo parte de mis pesadillas incluso hoy en dia DX
La tarea... la odiaré hasta cuando tenga hijos jajajajajajaja
Los adultos, pues bueno, en mi caso descubrí que habian algunos pocos raros casos en los que se podia confiar.
Y en cuanto a la muda de dientes, yo me arrancaba mis dientes cuando estaban ya muy flojos para evitar esos accidentes que mencionas ^^U y ya se que es mas doloroso de esa manera pero pues... preferia eso jajajaja
Bueno, después de mi comentario de proporciones bíblicas me retiro y te envio saludos =)
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